27 March 2014

Incompatibilidad del concepto de "animación retardada" con la Revelación cristiana

Es bien conocido el hecho de que Santo Tomás de Aquino sostenía la posición de Aristóteles ("el Filósofo") en lo referente a la infusión del alma en el ser humano: primero el embrión tenia un alma vegetativa, despues pasaba a tener un alma "sensitiva" (animal), y recién despues, a los cuarenta días de gestación en el caso de los hombres y noventa días en el caso de las mujeres, Dios le infundía el alma espiritual racional.  (Comentario a las Sentencias de Pedro Lombardo, Libro III, Distinción 3, Cuestión 5, Artículo 2, Responsio.)

Lo que no es tan conocido es el problema que esta posición presenta cuando se la considera en conjunción con la doctrina católica de la Encarnación del Verbo. Según esta doctrina, el Verbo asumió una naturaleza humana, compuesta de cuerpo y alma racional, en el momento de la concepción de Jesucristo. Por lo tanto, mientras el alma espiritual de Jesucristo fue infundida en el momento de su concepción, las de los demás hombres, según Aristóteles, serían infundidas recién a los cuarenta días de gestación.  Esta cuestión es tratada explícitamente por S. Tomás en la Suma Teológica, Parte III, Cuestión 33, Artículo 2, que puede leerse en:

http://hjg.com.ar/sumat/d/c33.html

El problema se percibe nítidamente en la afirmación del papa S. León Magno que S. Tomás cita en la objeción 1:

"Porque dice el papa León en su Epístola ad lulianum: La carne de Cristo no era, de distinta naturaleza de la nuestra, ni le fue infundida el alma en otro momento que a los demás hombres."

que en conjunción con lo que S. Tomás cita en el "Sed contra" de

"lo que dice el Damasceno en el libro III: Al mismo tiempo fue carne, al mismo tiempo fue carne del Verbo de Dios, al mismo tiempo fue carne animada por un alma racional e intelectual."

lleva a la conclusión lógica y directa que en los demas hombres el alma racional también es infundida en el momento de la concepción.

En vez de aceptar esta conclusión, que contradeciría al "Filósofo", S. Tomás hace, en su respuesta a la objeción 1, una distinción entre dos posibles sentidos de la condición "en otro momento que a los demás hombres", esto es "según la disposición del cuerpo" y "en relación con el tiempo", y restringe la afirmación del papa León a solamente el primero:

"El momento de la infusión del alma puede considerarse de dos modos. Uno, según la disposición del cuerpo. Y así el alma no fue infundida en el cuerpo de Cristo en un momento distinto al que lo es en los demás hombres. Como, una vez formado el cuerpo de un hombre, al instante le es infundida el alma, así sucedió en Cristo. Otro, considerando dicho momento sólo en relación con el tiempo. Y bajo este aspecto, por haber sido perfectamente formado el cuerpo de Cristo con anterioridad temporal, también fue animado antes."

De modo que, para compatibilizar las afirmaciones del papa S. León Magno y de S. Juan Damasceno con la doctrina del "Filósofo", S. Tomás postula que el cuerpo de Cristo llegó al estado de formacion que lo hacia apto para recibir un alma espiritual ANTES que los demas hombres: mientras el embrión de un hombre cualquiera llega al estado de formación que lo hace apto para recibir un alma espiritual recién a los cuarenta dias de gestación, el cuerpo de Jesús fue concebido directamente en ese estado de formación. Esto lo vuelve a afirmar, con mayor claridad aún, en la respuesta a la objeción 3:

"En la generación de los demás hombres se cumple lo que dice el Filósofo, ya que su cuerpo se forma y se va disponiendo sucesivamente con vistas al alma. De donde, primeramente, como imperfectamente dispuesto, recibe un alma imperfecta; y después, cuando está dispuesto perfectamente, recibe el alma perfecta. Pero el cuerpo de Cristo, debido al poder infinito del agente, estuvo perfectamente dispuesto al instante. Por eso al punto, en el primer instante, recibió la forma perfecta, es decir, el alma racional."

El problema con esa posición es que implica lógica e ineludiblemente una de las siguientes dos posibilidades:

- o bien el embarazo de la Virgen María duró siete meses y veinte días, y no nueve meses,

- o bien, si el embarazo duró nueve meses, Jesús tenía al nacer un tamaño considerablemente mayor que el promedio de los niños recién nacidos.

Notablemente, S. Tomás mismo es perfectamente consciente de este problema, y, más aún, de que esas conclusiones contradicen sendas afirmaciones de S. Agustín y del papa S. León Magno, como se ve claramente en la objeción 2, que cito cambiando la forma original de negación a la de afirmación condicional:

Si "el cuerpo de Cristo, en el primer instante de su concepción," hubiese tenido "tanta cantidad (de materia) como la que tienen los cuerpos de los demás hombres cuando son animados", ... "en caso de haber crecido continuamente, o hubiera nacido más pronto, o al nacer hubiera tenido mayor cantidad (de materia) que los otros niños. Lo primero va contra Agustín, en el libro IV De Trín., donde prueba que permaneció por espacio de nueve meses en el seno de la Virgen; lo segundo se opone al papa León, que en un sermón sobre la Epifanía dice: Encontraron al Niño Jesús, que en nada se distinguía de la generalidad de la infancia humana."

Es entonces crítico examinar la respuesta que S. Tomás da a esta objeción 2, que es lo que haré a continuación.

"El alma requiere la debida cantidad en la materia en la que es infundida;"

Totalmente de acuerdo.  En lo que discrepamos con Aristóteles y S. Tomás es en cuál es esa "debida cantidad" de materia.  Nosotros afirmamos que es una sola célula, en el instante de la concepción.

"pero tal cantidad tiene cierta amplitud, puesto que se salva tanto en la cantidad mayor como en la menor."

Interpreto esto como que dice que hay un rango de valores aceptables en la cantidad de materia requerida para la infusión del alma. Presuponiendo la posición aristotélica, es una afirmación razonable.

"La cantidad (de materia) que tiene el cuerpo al serle infundida inicialmente el alma es proporcionada a la cantidad perfecta a que llegará por el crecimiento, de manera que los hombres más corpulentos tienen mayor cantidad en su primera animación."

Siempre presuponiendo la posición aristotélica, ésta también es una afirmación razonable: si la relacion de los tamaños corporales en la edad adulta de un hombre A y otro B es 1.3, la relacion de los tamaños corporales de sus embriones en los momentos respectivos de infusión del alma es también 1.3.

"Y Cristo en la edad perfecta tuvo una grandeza conveniente y mediana,"

Aquí afirma que el tamaño del cuerpo de Cristo en la edad adulta fue el tamaño promedio de los hombres, lo cual está claramente de acuerdo con los Evangelios, que no dan a entender de ningún modo que Jesús haya tenido un tamaño corporal notablemente mayor que el promedio.  Combinando esta última afirmación con la inmediata anterior, se infiere necesariamente que el tamaño del cuerpo de Jesús en el momento de la infusión de su alma era el tamaño promedio de los hombres en el momento de la infusión de las suyas.

Ahora bien, por un lado sabemos por la fe que la infusión del alma de Jesús ocurrió en el momento de su concepción, mientras que, por otro lado, "el Filósofo" afirma que la infusión del alma en los hombres ocurre a los cuarenta días de gestación.  Combinando ambos conceptos con la conclusión del párrafo anterior, concluimos necesariamente que el tamaño del cuerpo de Jesús en el momento de su concepción era el tamaño promedio de los hombres a los cuarenta dias de gestación.  ¿Qué dice S. Tomás respecto a esta conclusión ineludible? Primero, continuando la oración citada anteriormente:

"con la que estaba proporcionada la cantidad de su cuerpo en el momento en que son animados los cuerpos de los otros hombres,"

Aqui parece decir, aunque no es totalmente claro, que el tamaño del cuerpo de Jesús, en el momento de serle infundida su alma, debía ser el tamaño promedio del cuerpo de los otros hombres en el momento de serles infundidas las suyas.  Hasta aquí su razonamiento sería correcto, pero luego dice que...

"aunque tuvo una cantidad menor en el inicio de su concepción."

¡Con esto S. Tomás contradice de un modo totalmente arbitrario sus propias afirmaciones anteriores!  ¿No era que "La cantidad (de materia) que tiene el cuerpo al serle infundida inicialmente el alma es proporcionada a la cantidad perfecta a que llegará por el crecimiento, de manera que los hombres más corpulentos tienen mayor cantidad en su primera animación"?  Si esto es así, y si además "Cristo en la edad perfecta tuvo una grandeza conveniente y mediana," o sea si el tamaño del cuerpo de Cristo en la edad adulta fue el tamaño promedio de los hombres, ¿por qué no habría tenido también el tamaño promedio de los hombres al serle infundida el alma?

¿Solucionará S. Tomás esta contradicción arbitraria en el texto que falta de la respuesta a la objeción 2? Veamos:

"Sin embargo, tal cantidad no era tan pequeña que no se salvara en ella la noción de cuerpo animado, pues en una cantidad parecida son animados los cuerpos de algunos hombres pequeños."

Claramente no la soluciona en absoluto, porque aplicando ahora la regla de que "La cantidad (de materia) que tiene el cuerpo al serle infundida inicialmente el alma es proporcionada a la cantidad perfecta a que llegará por el crecimiento, de manera que los hombres más corpulentos tienen mayor cantidad en su primera animación", se llega a la conclusión de que Jesús debía haber tenido en la edad adulta un tamaño corporal mucho menor que el tamaño promedio de los hombres, lo cual está en contradicción con la afirmación, claramente verdadera, de que "Cristo en la edad perfecta tuvo una grandeza conveniente y mediana". 

Conclusión: el intento de Santo Tomás de Aquino de compatibilizar el concepto aristotélico de "animación retardada" con la Revelación cristiana fracasa de un modo patente y categórico, indigno de la calidad de la obra de Santo Tomás. Este fracaso ocurre directamente por una burda auto-contradicción dentro del mismo argumento, sin que jueguen rol alguno los conocimientos de la biología contemporánea.

Dado que la adopción por parte de Santo Tomás del concepto de "animación retardada", también llamado de "hominización tardía", ha dado pie para que gente profundamente equivocada y/o de mala voluntad argumente que el aborto durante las primeras semanas de gestación es moralmente aceptable en la doctrina tradicional católica, estoy seguro de que, si Santo Tomás desde el Cielo leyese este artículo, compartiría totalmente la dureza con la que califico el fracaso de su intento de conciliar ese concepto con la Revelación cristiana.


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